—¿Cinco minutos? ¿Quiere que los detengamos por cinco minutos?— preguntó sobresaltada Ana.
—Lo siento, no puedo hacerlo más rápido— respondió Atenea.
—Bien, pondré mis habilidades al máximo— comentó Ana mientras que hacía aparecer sus dos espadas Caladcholg y Fragarach.
Ana se arrojó con sus dos armas desenvainadas a Belenus mientras éste la veía con una mirada burlona.
Cuando la diosa intentó golpear al dios con sus espadas, un escudo de energía apareció rodeando a la deidad celta.
—Mi especialidad son las barreras protectoras— dijo Toutatis mientras generaba un escudo mágico en su compañero.
Belenus creó una esfera de luz en su mano derecha y golpeó con ella el abdomen de Ana, cuyo cuerpo se retorció y salió disparada cayendo de espaldas al suelo; mientras formó una gigantesca gruta en el suelo con su impacto.
—No, Ana, tu debilidad es el elemento sacro— dijo Tania mientras se levantaba con dificultad.
Rodrigo, quien no pudo hacer nada para detener a Ana, fue a donde ella cayó al suelo.
—¿Estás bien, Ana?— le preguntó mientras sostenía su mano. Pero Ana tenía un enorme agujero en su estómago y respiraba con dificultad.
—¡Quítate estorbo!— dijo Belenus quien apareció justo detrás de Rodrigo, y con su mano derecha lo golpeó haciendo un movimiento de desprecio.
Rodrigo fue arrojado hacia la pared dimensional y chocó con ésta, perdiendo la conciencia.
Belenus puso su mano en forma de espada y la rodeó de energía blanca para atravesar a Ana, pero Tania apareció justo detrás de él.
Cuando ésta lo intentó atacar, de nuevo el escudo lo protegió. Sin embargo, fue suficiente para detener al dios de matar a Ana.
—¿Quieres morir primero? Puedo cumplirte eso— dijo Belenus mientras la volteaba a ver.
Tania intentaba golpearlo, pero la barrera protectora lo defendía sin poder hacerle un solo rasguño. Cuando, sin darse cuenta, Belenus atravesó con su mano en forma de espada el vientre de la diosa. Sus ojos en ese momento se pusieron en blanco y perdió toda su fuerza.
Belenus arrojó el cuerpo de Tania al suelo, lejos de donde estaba la diosa de cabello negro. De nuevo, puso su pie sobre Ana, la cual estaba agonizando, pero la diosa se levantó como pudo e intentó atravesarle el pecho con una de sus espadas; sin embargo, el escudo nuevamente lo protegió.
—Absurdo— dijo el dios de la luz mientras con un dedo preparaba una pequeña bola de energía blanca.
El dios hizo un movimiento hacia abajo con su dedo y la energía bajó hacia Ana, tocando su cuerpo. Energía blanca, como si fuese fuego, surgió de la diosa irlandesa mientras que gritaba agonizando de dolor, pero ella se seguía aferrando a su espada.
Había pasado un minuto.
Belenus, nuevamente, hizo su mano con la forma de una espada, y esta vez, intentó decapitar a Ana con ella, pero, en ese momento, una telaraña lo rodeó. Loki estaba detrás usando su habilidad.
—Mi red es capaz de atravesar cualquier barrera— dijo el dios nórdico.
Pero el dios de la luz celta destruyó la red como si la quemase con su energía.
—Una técnica de tan poco nivel divino no me podrá detener— dijo.
Belenus viajó a toda velocidad hacia Loki y lo golpeó en el abdomen con su puño cubierto de energía blanca. Loki, como mejor que pudo, tomó el brazo del dios celta y lo encerró en un gigantesco témpano de hielo.
Pero Belenus, sin mucho esfuerzo, destruyó por dentro la estalagmita helada. Ana intentaba nuevamente atacar al dios celta, pero, de nuevo la barrera lo protegió. La diosa estaba tan desesperada que golpeaba sin cesar la barrera sin éxito.
—Esto ya me aburrió— dijo el dios de la luz celta, y en seguida, recitó con una voz muy tranquila: —Ionsú beatha[1]—
Todo lo verde que quedaba dentro de la dimensión se marchitó inmediatamente. El pasto se secó, las montañas se agrietaron, el cielo se tornó grisáceo, el mar desapareció y todo lució como un desierto. Una enorme esfera de luz brillaba en el centro del firmamento, formada por las energías de todo lo vivo que existía en ese momento en esa dimensión.
La enorme esfera de luz empezó a caer hacia el suelo mientras que Ana y Loki se hacían hacia atrás; pero esta gigantesca esfera, al caer, provocó una enorme explosión de luz blanca que alcanzó a ambos dioses.
La explosión no provocó ningún daño físico al ambiente, sin embargo, los cuerpos de Ana y Loki yacían en el suelo. Ana se encontraba ya inconsciente, pero Loki estaba intentando levantase con suma dificultad.
—Loki, Loki. No sabes cuándo rendirte, ¿verdad?— dijo Belenus con una sonrisa mientras se acercaba a él.
El dios oscuro, entonces, usó su técnica de ilusiones, pero Belenus disparó con su dedo índice hacia el verdadero dios en su pecho. Loki cayó al suelo vomitando sangre mientras que Belenus caminaba tranquilamente hacia él.
Han pasado dos minutos.
El dios de la luz celta puso su pie sobre la cara de Loki y dijo: —Bien, ésta es parte de mi misericordia y mi compasión hacia ustedes. Destruiré todo este lugar con mi técnica más poderosa—
Belenus levantó las manos, y enormes piedras surgieron del suelo creando una agrupación similar al de un círculo. Si las personas actualmente lo vieran, tendría semejanza a como se piensa que lucía Stonehenge.
Los símbolos dibujados en las enormes piedras comenzaron a brillar, y entonces, lanzaron todos ellos un rayo hacia el centro del círculo. Una gigantesca esfera de luz se empezó a formar en el núcleo de las estructuras.
—Adiós para siempre, chicos— dijo Belenus, y a continuación, mencionó con voz baja y tranquilizante: —Sgrios neamh[2]—
En ese momento todo comenzó a temblar y las piedras a elevarse. La esfera de luz comenzó a crecer y estaba a punto de explotar.
Cuando, de repente, un martillo golpeó la técnica de Belenus, destruyéndola, y éste cayó al suelo. Al destruirse la técnica de luz, las enormes piedras se empezaron a demoler poco a poco.
—¿Quién demonios anda aquí?— gritó el dios de la luz celta.
En ese momento, el martillo se levantó por sí solo y regresó hacia la mano de una persona que, justamente, estaba apareciendo en un portal de luces de colores del arcoíris.
—¿Así que pude llegar a tiempo?— el hombre dijo mientras ponía sus pies en el suelo.
—¡Thor!— gritó Loki.
El dios del rayo nórdico lucía su armadura dorada y la capa de oso de su totema. Portaba su cinto y guante mágico, además que sostenía su martillo Mjolnir en su mano.
—¿¡Thor!? ¡Pero nuestro padre Esus debió haberlo matado, o nuestro hermano Taranis!— gritó Belenus asustado.
—No, pues, no creo que pueda hacer mucho ahora que enviamos su cabeza a Lel— dijo Thor mientras se tronaba los huesos de la nuca.
—¡Imposible!, ¡Eso es una blasfemia!— gritó Toutatis mientras se acercaba al campo de batalla.
—¿No me creen? Descuiden, pronto lo irán a ver cuándo los mande a ambos a Hel— dijo Thor mientras seguía tronándose los huesos en la nuca.
—¿Es eso cierto? ¿Vencieron a Esus?— preguntó Loki gritando a Thor.
—¡Claro! Y ahora he venido para sepultar a estos debiluchos y regresarte a prisión— dijo Thor mientras levantaba un pulgar hacia arriba.
—¡Espera, Thor!— dijo Loki mientras se levantaba con dificultad. —Tengo información de padre Odín—
—¿Información?— preguntó Thor mientras se hurgaba la nariz.
—Sí, él está vivo. He estado haciendo esto para hacer que recupere su fuerza. No deseo hacer una lucha contra Asgard. Jamás los traicionaría junto con esta escoria— dijo el dios oscuro nórdico.
Thor se continuaba rascando la nariz.
—Esa chica de allá es Atenea— dijo Loki mientras se acercaba a Thor. —Ella nos ayudará a encontrar a Padre—
Atenea seguía con los ojos cerrados tocando con su mano derecha el mango del labrys y haciendo una invocación. Un círculo mágico se dibujaba lentamente bajo sus pies.
—Creo que éste no es momento para discutir eso, Loki. Te creo por el momento. Pero primero hay que encargarnos de estos imbéciles que se atrevieron a atacar Asgard— dijo Thor mientras seguía rascándose la nariz.
Han pasado tres minutos.
—Bien, de acuerdo— dijo Loki.
—¿Nos derrotarán? No me hagan reír. Soy uno de los katteres celtas más poderosos que existen, mi poder no tiene comparación— gritó Belenus mientras cubría sus dos manos con energía blanca y se arrojaba a Thor.
—¿Qué puede hacer este dios moribundo?— gritó Toutatis mientras creaba discos de energía aéreos para atacar a Loki.
El dios del rayo evadió los ataques de Belenus, y lo golpeó en la cara con su puño. El dios salió disparado y chocó con una montaña.
—Sin Belenus no eres nada— dijo Loki mientras se ocultaba con sus ilusiones.
Toutatis no sabía a quién atacar y empezó a lanzar sus ataques hacia todos lados. Loki disparó su lanza de hielo, pero el escudo del dios las detenía. En ese momento Loki apareció debajo de él y lo encerró en un témpano gigante de hielo, atrapándolo.
Belenus salió de entre los escombros furioso, y empezó a lanzar esferas de luz a Thor, quién las evadió con facilidad.
En eso, Thor señaló al cielo y dijo: —Bregða upp Þunraz—
El dios hizo caer un rayo sobre el dios celta. Al disiparse la luz de la explosión, Belenus había caído de rodillas al suelo con los ojos en blanco.
—¿Y qué demonios hace esa chica?— preguntó Thor.
—Necesita cinco minutos para hacer un hechizo, ya llevamos tres… digo, cuatro minutos— respondió Loki.
En ese momento, Toutatis rompió el hielo y Belenus recuperó la conciencia.
—Así que no caerán tan fácilmente, ¿cierto?— dijo Thor.
Han pasado cuatro minutos.
—Loki, y tú también, Thor— se escuchó la voz de Atenea en la mente de los dos dioses.
—¡Atenea!— respondió Loki.
—Escuchen— siguió diciendo la diosa en sus mentes. —El hechizo de teletransportación está casi listo, acérquense y traigan a los demás cerca de mi para poder teletransportarlos a mi planeta. ¡Deprisa, no tenemos tiempo!— insistió la diosa griega.
Toutatis y Belenus lanzaron un ataque en conjunto, pero Thor, usando su martillo, los desvió. Loki, entonces, usó sus habilidades de teletransportación para poner a Rodrigo, Ana, Tania y Epona a los pies de la diosa.
—¡Ahora ustedes!— urgió la diosa griega a los dioses nórdicos.
—Lo siento, pero yo me quedaré— dijo Thor.
—Esta gente profana el suelo de nuestros humanos y los vamos a derrotar aquí mismo. Descuiden, nosotros no permitiremos que los detengan— dijo Thor mientras evitaba otro ataque de los dioses celtas.
—Atenea, yo me quedaré luchando junto a Thor. Te prometo que nos volveremos a ver en Vinland. Estamos agradecidos por lo que hiciste aquí— dijo Loki.
—¡Ahora nosotros les devolveremos el favor!— gritaron Thor y Loki al mismo tiempo que golpeaban a los dioses celtas y estos se defendían.
—Sobrevivan, no mueran hasta que no hayamos derrocado a Lel, ¿me entienden?— les dijo Atenea en su mente, mientras ambos dioses seguían luchando.
—Es una promesa— gritaron ambos dioses nórdicos mientras irrumpían la defensa de los dioses celtas.
El círculo de luz debajo de Atenea se iluminó y ella, junto a Rodrigo, Ana, Tania y Epona, brillaron como un haz de luz y desaparecieron sin dejar ningún rastro.
—¡Y la cumpliremos!— dijeron ambos dioses mientras derrotaban a los dioses celtas al unísono.
[1] —Absorción de vida— en gaélico.
[2] —Destrucción celestial— en gaélico.
